EL DEBATE: Patentes: la encrucijada entre la producción y la academia

El acto de patentar es una práctica estandarizada en todo el mundo. Los principales titulares de patentes son empresas multinacionales, intensivas en I+D, para quienes el patentamiento es parte fundamental de sus estrategias de producción y comercialización. En América Latina y en el Caribe, sobre todo en los últimos años, se impulsa a los investigadores, incluso mediante las pautas del sistema de evaluación, a patentar los resultados que obtienen de su trabajo. Sin embargo, no está claro qué porcentaje de esas patentes son efectivamente transferidas al sector productivo o si existe una estrategia efectiva para la protección de la propiedad intelectual de esos trabajos en otros mercados potenciales fuera de cada país.

Es importante considerar también que el patentamiento implica ciertos costos, algunos económicos y otros de oportunidad, como no publicar los resultados de la investigación antes de la presentación de la solicitud. Además, si no se posee una estrategia sólida de protección (cobertura territorial y, de ser necesario, capacidad de defenderla en los tribunales de cada país), la publicación de la patente implica la divulgación de su contenido a nivel mundial, lo que puede traer, en consecuencia, la explotación por parte de terceros en aquellos países donde no fue presentada.

La siguiente pregunta, entonces, se desprende naturalmente: ¿cuál es el objeto de patentar por patentar? O, visto desde otra perspectiva, ¿es una buena estrategia para las instituciones científicas y tecnológicas fomentar el patentamiento (y asumir sus costos), si no está garantizado el licenciamiento de la invención?

Se podría argüir, en contra de esto último, que la posibilidad de patentar resulta vital para acortar la tan mentada brecha entre la ciencia y la industria. Sin embargo, cuando se patenta con el solo fin de consignar como propio un resultado o un producto, sin pensar en el paso siguiente (la producción), esa brecha en los hechos no se acorta ni mucho menos. No hay verdadero diálogo entre el laboratorio y la empresa, ya que no se produce ningún intercambio que enriquezca la comunicación entre las partes, y todo se resume, entonces, a un gesto que muere no bien es articulado.

Lo invitamos a sumar sus opiniones a este debate. ¿Considera que la estrategia de patentamiento en las instituciones públicas de I+D debería ser revisado? ¿De qué sirve patentar en ese contexto? ¿Es correcto pensar en el patentamiento como un criterio de evaluación científica?

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Jorge A. Gálvez Choy  - El pecado original de las patentes   |2010-07-27 22:44:00
Tienen mucha razón en este artículo. Creo que uno de los problemas más graves es que las patentes se están convirtiendo (por lo menos en México) en elementos de presunción más que en factores de producción.

Las pocas universidades y centros de investigación que patentan, lo hacen para "presumir" el número de patentes que tienen, aunque si se buscara el número de patentes transferidas a la industria otro gallo cantaría.

Las patentes son un magnífico medio de "aterrizar" la investigación pero no es suficiente, siempre se debe pensar en como hacer llegar el desarrollo de tecnología al mercado, para eso están las oficinas de transferencia de tecnología.

Por supuesto, si desde la concepción de la investigación, ésta estuviera vinculada a la industria dando
respuesta a una necesidad específica, el proceso sería diáfano y práctico.

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