EL DEBATE: Participación ciudadana en escenarios de conflictividad

 

Por Jorgelina Sannazzaro

Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología, Universidad de Salamanca, España.

 

Excelentes aportes ya han sido vertidos en este Foro a propósito de la participación ciudadana en temas de política científica (Ana Cuevas), como así también acerca de estudios de comprensión pública de la ciencia (Carina Cortassa).

 

En esta ocasión, me gustaría continuar con la reflexión acerca de la participación ciudadana en ciencia y tecnología, retomando los debates anteriores, pero centrándome en la participación en escenarios de gran conflictividad. Además, propongo asumir algunos presupuestos que orienten el debate.

 

Hoy, más que en ninguna otra época, nos encontramos con una multiplicidad de grupos, movimientos sociales y colectivos de naturaleza diversa que buscan incidir en la gestión de lo público, defender identidades y estilos de vida plurales, incluyendo en algunos casos reclamos que configuran un nuevo escenario para el ejercicio de la ciudadanía, como así también de la protesta social.

 

Como ya he planteado en otra oportunidad, es indudable que existe un incremento de controversias en relación a materias científicas o tecnológicas que exceden a las comunidades habituales (expertos científicos y tecnólogos) y que este aumento adquiere una especial configuración en el escenario Latinoamericano.

 

Grupos de autoconvocados, asambleas ciudadanas, juntas vecinales, movimientos socioambientales, se multiplican a lo largo y a lo ancho del continente paralelamente a la acentuación de la conflictividad.

 

Lo que estos grupos denuncian es, por una parte, el uso desmesurado de recursos naturales, el sesgo de la localización de materiales o actividades indeseables en comunidades empobrecidas y zonas periféricas, la alteración de territorios, la ruptura de la economía local y las formas de vida; y por otra parte, reclaman no sólo el derecho a un ambiente sano y equidad para compartir las cargas del desarrollo tecnológico/industrial, sino también cambios en la política estatal y nuevas formas de participación en los procesos de toma de decisiones.

 

Desde hace un tiempo vengo pensando en una de las frases de Baruch Spinoza, con la cual el filósofo intentó expresar los riesgos de las abstracciones, lo problemático de centrarnos en lo conceptual para, posteriormente, esperar que la realidad se comporte de modo ideal: “El concepto de perro no ladra”.

 

En el caso que nos ocupa, la situación es aún más problemática, el concepto de participación ciudadana que actualmente se propone desde ámbitos académicos y gubernamentales (estos últimos casi siempre basados en los primeros) quizás ha conseguido ladrar, pero no logra morder.

 

Mientras tanto, las asambleas ciudadanas, debaten, se informan, se asesoran con técnicos y especialistas, articulan con miembros de la Universidad y aportan datos relevantes. Estas prácticas están muy lejos de aquella imagen de una ciudadanía apática, poco comprometida y peor informada. En ellas, hoy más que nunca, está vigente el pensamiento de Rachel Carson citando a Jean Rostand: “La obligación de resistir nos da el derecho a conocer”.

 

El escenario actual nos plantea el desafío de redoblar los esfuerzos por combatir la mutua incomprensión, reabrir el diálogo con el ciudadano de a pie y retomar el espíritu crítico propio de los estudios CTS.

 

Quizás la única manera de conseguir un concepto de participación ciudadana en consonancia con los tiempos actuales (que muerda más y ladre menos) sea cuestionar la epistemología tradicional y defender la pluralidad de saberes, tal como propone Boaventura de Sousa y el grupo de investigadores que lo acompañan, así como múltiples investigadores de diversas disciplinas en distintos puntos del mundo, que aportan en consonancia con las preocupaciones vertidas aquí.

 

Propuestas como éstas, que contienen en su base la pluralidad de saberes, generan dudas en muchos filósofos de la ciencia y en el campo CTS. ¿No será que estas propuestas nos conducirán al ya consabido “todo vale”? Podemos tener la seguridad que no será así, siempre y cuando todos participemos de este cambio que ya está en proceso y encontremos un modo serio de articular saberes y dispositivos de participación democrática.

 

La complejidad inherente a estas temáticas resiste el abordaje unidimensional, puramente disciplinar; por eso, cada vez estoy más convencida de la necesidad de conjugar herramientas de análisis y producciones provenientes de diversos campos de trabajo y disciplinas. De lo contrario, aportaremos sin quererlo a la fragmentación, a los compartimentos estancos productores de reduccionismos que nos vuelven incapaces de comprender tanto el campo social como producciones generadas en otros compartimentos. Necesitamos poner en tensión tanto los conflictos entre conocimientos científicos y no científicos como así también la pluralidad interna y conflictiva del propio conocimiento científico.

 

En la reseña realizada por León Olive del Libro “Saber en condiciones. Epistemología para escépticos y materialistas” (CTS Nº4 Vol. 2 - 2005), Olive resalta la siguiente reflexión de Broncano: “Los problemas, su posible solución, o la imposibilidad de tratarlos, están condicionados desde la forma de plantear las preguntas.” Y por eso, “la formulación adecuada de la pregunta debe asumir ya ciertos compromisos”.

 

Entonces, propongo partir del siguiente supuesto: los acontecimientos actuales de movilización y conflictividad demuestran que no sólo es deseable que el público participe (argumentos democráticos), sino que es inevitable. En este sentido, las preguntas deberían aportar al desarrollo fructífero de esta participación:

 

- ¿Cuáles son los mejores dispositivos de participación ciudadana en debates que incluyan aspectos de ciencia y tecnología?

- ¿Qué antecedentes de participación ciudadana utilizadas en otros ámbitos podrían aportar herramientas para el desarrollo de mecanismos de participación en el ámbito CTS?

- ¿Cómo fomentar una cultura de la participación responsable?, entendiendo por esta última una actitud crítica hacia la información recabada y un modo ético de convivencia con los otros.

 

 


Referencias bibliográficas

 

CARSON, R. L. (1962): Silent spring, Houghton Mifflin Company, Boston.

 

DELAMATA, G. (2009): Movilizaciones sociales: ¿nuevas ciudadanías? Reclamos, derechos, Estado en Argentina, Bolivia y Brasil, Ed. Biblos.

 

NELKIN, D. (1995): "Science Controversies: The Dynamics of Public Disputes in the United States", Handbook of science and technology studies, Sage Publications, pp. 444-456.

 

SOUSA SANTOS, B. (Ed.) (2005): Semear outras soluções: os caminhos da biodiversidade e dos conhecimentos rivais, Afrontamento, Porto. También publicado por Civilização Brasileira, Río de Janeiro, Brasil.

 

 

Publicado el 22 de febrero de 2012