EL DEBATE: Contradicciones entre ciencia y democracia. ¿Mayoría absoluta o minoría cualificada?

 

Por Josep Lobera

Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset (IUIOG); Universidad Autónoma de Madrid.

 

Entre ciencia y democracia existen numerosos puntos de convergencia y de retroalimentación mutua; sin embargo, algunas de sus dinámicas entran también en contradicción. El debate acerca de hasta qué punto debe incorporarse la participación de los ciudadanos “no científicos” a la construcción de la ciencia y las decisiones sobre sus aplicaciones dura ya varias décadas y sigue sin resolverse. La democracia plantea el derecho a participar en la toma decisiones sobre aquellos aspectos que afectan directamente la vida de las personas (isegoria, igualdad en el uso de la palabra decían los griegos). El ethos científico siempre ha incluido el principio de apertura de la ciencia, pero se ha tratado tradicionalmente de una apertura limitada a los miembros de la comunidad científica y sometida a ciertas reglas de relación habituales en su seno, incluidas las relaciones de jerarquía.

 

¿Quién decide y cómo? Un ciudadano, un voto, se dice en democracia. En ciencia no se vota, se llegan a consensos o a disensos comunicados en lenguaje científico. Fuera de los canales científicos, para la mayoría de la comunidad científica “no hay discusión”. Además, no todo el mundo puede participar de esa discusión científica. Tradicionalmente, el certificado de “ciudadanía científica” (que legitima para participar en ella) se expide en ciertas instituciones de educación superior; asimismo esa “ciudadanía” debe ser mantenida mediante la afiliación a una institución reconocida y, finalmente, el peso del “voto” o la opinión en ciencia suele depender de la reputación del “ciudadano científico” dentro de la comunidad y de la reputación de la institución a la que está afiliado. Este sistema ha acompañado los grandes avances que se han producido gracias a la innovación tecnocientífica, así como los nuevos problemas generados por algunas de sus aplicaciones. Pero, ¿qué ocurre cuando la comunidad científica no se pone de acuerdo, cuando “los factores son inciertos, hay valores en disputa, los riesgos son altos y las decisiones son urgentes” (Funtowicz y Ravetz, 1993)? El siglo XX y lo que llevamos del XXI nos han dejado numerosos ejemplos en los que los científicos no hemos sabido ver efectos “emergentes” (Morin, 2007) de las aplicaciones tecnocientíficas cuando éstas se han aplicado en entornos complejos, fuera de los laboratorios. En las últimas décadas se han desarrollado propuestas de “ciencia participativa” o de “ciencia posnormal” basadas en un pluralismo epistemológico. En ellas tienen cabida la interdisciplinariedad, el diálogo de la ciencia con los conocimientos locales y saberes tradicionales, y la participación de agentes acientíficos implicados en las investigaciones. Al mismo tiempo, las vías y mecanismos de participación que permiten las instituciones se han multiplicado: referéndums, alegaciones, consejos municipales, foros, sesiones de deliberación, talleres de futuro, science shops, sesiones de debate, entrevistas, encuestas, puertas abiertas, agendas 21, charlas, iniciativas legislativas populares, planes directores, e-democracia, auditorías públicas, etc. A pesar de esta proliferación formal, los procesos de participación en el desarrollo de la tecnociencia continúan siendo restringidos y plantean importantes retos. ¿Acaso puede ser democrática la construcción de la ciencia? ¿Qué tipos de participación ciudadana son viables en el contexto científico? ¿Qué tipos de participación son necesarios para mejorar la eficacia de la ciencia y en qué condiciones? ¿Cómo se articula el conocimiento ciudadano “no científico” con el científico? ¿Pueden dialogar?

 

Al intentar responder a estas preguntas nos topamos con la plasticidad del término “participación”, que a menudo se ha convertido en un catch-all term o un fetiche que se ha alejado considerablemente de su esencia y que engloba una diversidad de intereses. Para facilitar su análisis se propone una escala desarrollada para examinar la participación ciudadana en la resolución de conflictos socioambientales (Lobera, 2008) y que presenta seis niveles: 1) información; 2) comunicación; 3) consulta; 4) deliberación; 5) toma de decisiones; 6) acción creativa. Esta escala puede usarse para distinguir entre distintos tipos de intervención ciudadana en el espacio tecnocientífico. Un principio que debemos considerar al abordar la participación ciudadana en la construcción de la ciencia y las decisiones sobre sus aplicaciones es que no podemos establecer modelos universales, sino que debemos definir el tipo de participación en función del contexto y del problema concreto que se aborde. Para ello deberá tenerse en cuenta, especialmente, el nivel de incertidumbre, los valores en disputa y el nivel de riesgo. Así, cuando los valores de estas variables sean elevados deberán introducirse mecanismos de participación avanzados, como la participación en la toma de decisiones y el desarrollo de acciones autónomas por parte de la ciudadanía. En cambio, con niveles bajos de incertidumbre y de riesgo y con poca disputa en el campo de los valores, las tipologías de participación a aplicar podrían (¿deberían?) reducirse a un nivel informativo, de diálogo o de consulta.

 

En la actualidad el debate continúa, y lejos de acercarse a un acuerdo, encontramos análisis divergentes sobre el papel que debe tener la participación en la ciencia. En un extremo, todo vale (la ciencia se construye desde la participación de todas las perspectivas); en otro, nada vale (sólo las instituciones científicas son capaces de producir ciencia). No existen fórmulas mágicas que respondan a las contradicciones que surgen de la cohabitación entre ciencia y participación ciudadana, pero podemos acordar que a mayor incertidumbre técnica y mayores valores en juego, mayor debe ser el nivel de participación de la ciudadanía. Queda por delante el reto de llevar la participación ciudadana en la ciencia a la práctica y aprender de sus contradicciones. 

 


 

 

Referencias bibliográficas

 

Funtowicz, S. y Ravetz, J. (1993): “Science for the post-normal age”, Futures, 25, pp. 39-755.

 

Morin, E. (2007): “Complejidad restringida, complejidad general”, Revista Sostenible? Nº 9, pp. 23-49.

 

Lobera, J. (2008): “Insostenibilidad: aproximación al conflicto socioecológico”, Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad, Vol. 4, Nº 11, pp. 53-80.

 

 

 Publicado el 16 de agosto de 2011

 

 

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VOL. 9 - Nº 27

 

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