EL DEBATE: Las vías de la heteronomía en las ciencias sociales

 

Por Sergio Lorenzo Sandoval Aragón

Profesor Investigador y director del Centro de Estudios Sociales y Regionales (CESOR) del Centro Universitario de la Ciénega, Universidad de Guadalajara, México.

 

En ciencias sociales, como en cualquier ciencia, la dilucidación epistemológica de sus conceptos es una tarea ineludible y permanente. Pero esta dilucidación no puede ser sólo filosófica, sino que necesariamente implica preguntar por las condiciones objetivas, sociales e institucionales de su formación. El cultivo de las ciencias sociales en América Latina, a diferencia sobre todo de Europa, siempre se ha justificado por su contribución a un esfuerzo por comprender y solucionar sus diversas problemáticas sociales. Sin embargo, los científicos sociales latinoamericanos se han cuestionado, con toda legitimidad, si los recursos teóricos y metodológicos provenientes de las regiones predominantes de producción de las ciencias sociales, en realidad son adecuados para comprender sus propias problemáticas, pues han surgido en situaciones históricas y sociales distintas. Así, se ha llegado a proponer la “descolonización” de las ciencias sociales latinoamericanas, que no significa rechazar sin más las tradiciones científicas europeas, sino asimilar sus aportes universales al mismo tiempo que se elabora una comprensión de América Latina y sus problemáticas. Antes que cuestionar las teorías, es necesario cuestionar los problemas que se plantean y comprobar si son resultado de una construcción propia o si han sido impuestos de manera heterónoma, así como identificar las vías por las que pueden haber sido impuestos, sobre todo las vías cultural, política y económica.

 

La vía cultural. En una reciente contribución, Yves Gingras y Sebastien Mosbah-Natanson (2011) realizan un análisis geo-estadístico de la producción de las ciencias sociales en las pasadas dos décadas. Entre otros datos, los autores encontraron que entre 1998 y 2007 el idioma inglés ocupaba el primer lugar en publicaciones de ciencias sociales en el mundo con el 94.45% de artículos en el Thompson SCI, seguido por el alemán con el 2.14% y el francés con el 1.25%, mientras que el idioma español ocupaba el cuarto lugar con un 0.40%. La distribución en cuanto al número de artículos producidos en ese mismo periodo es similar, pues Europa y América del Norte producen tres cuartas partes de las revistas en ciencias sociales y América Latina ocupa el quinto lugar (tras Oceanía). En cuanto al análisis de las citas por región, nuevamente Europa y Norteamérica ocupan lugares prominentes entre las 200 revistas más citadas y se observa que en América Latina se citan textos de Norteamérica en un 56.2% y de Europa en un 33.9%. Al comparar los datos de la última década del siglo XX con los de la primera del XXI, Gingras y Mosbah-Natanson concluyen que "la globalización e internacionalización de la investigación han favorecido esencialmente a Europa y América del Norte, las regiones que ya eran dominantes” y añaden que “la autonomía de las otras regiones ha disminuido y su dependencia de los actores centrales ha aumentado en las dos últimas décadas” (Gingras y Mosbah-Natanson, 2011: 155). Se verifica así, en el campo científico internacional, la conocida ley general formulada por Karl Marx, según la cual el capital va al capital, teoría que otros identifican con el llamado “principio Mateo”.

 

La vía política. El mero hecho de que la mayoría de la producción científica esté expresada en inglés no constituye el problema más grave, sino todos los efectos de imposición simbólica de tipo mediático-político que pueden acompañar esta predominancia idiomática, y que pueden hacer pasar por conocimientos validados por la razón científica una serie de tópicos descontextualizados e incluso vacuos. Esto es un aspecto, no menor, de lo que Bourdieu y Wacquant llamaron "las astucias de la razón imperialista". Afirman: “Hoy, muchos tópicos directamente surgidos de confrontaciones intelectuales ligados a la particularidad social de la sociedad y las universidades americanas son impuestas, bajo formas en apariencia deshistorizadas, al conjunto del planeta” (Bourdieu y Wacquant, 2005b: 209). Según estos autores existe un “imperialismo cultural” (correlativo del imperialismo económico) que incluye una forma de falsa universalización de conceptos y teorías que circulan entre los países en libros de divulgación, coloquios universitarios, revistas de mediocre calidad científica, informes de especialistas, think-tanks y organismos internacionales de dudosa neutralidad (mencionan explícitamente a la OCDE y a la Comisión Europea). Son ideas y términos polisémicos e imprecisos, impuestos académica y mediáticamente, que se convierten en “lugares comunes” con los que se argumenta pero que no son objeto de argumentación, de los cuales los más insidiosos son ciertos términos de apariencia técnica que llegan a servir de “contraseñas políticas” en virtud de que “condensan y vehiculizan toda una filosofía del individuo y de la organización social” (Bourdieu y Wacquant, 2005b: 211). De esa forma, al des-historizar y des-politizar, se imponen problemáticas artificiales que acaban por “anexionar” cultural y políticamente las regiones donde se aplican. Si estas ideas son recibidas por los medios científicos, periodísticos y políticos en los países de América Latina, ello se debe a que funcionan de manera análoga a los “falsos amigos” (faux amis) estudiados por la lingüística aplicada: esos términos extranjeros que a veces utilizamos porque, debido a que se escriben o se pronuncian igual o de manera muy similar a términos que usamos en nuestra propia lengua, parecen querer decir lo mismo, cuando en realidad poseen significados muy diferentes (Bourdieu y Wacquant 2005b: 224).

 

La vía económica. Pero si estas ideas pueden ser impuestas, ello no se debe a la sola fuerza simbólica de las que están revestidas, al presentarse como la vanguardia y gracias a la inmensa capacidad de difusión que las rodea y que en buena medida las crea, sino que también se debe a la fuerza económica de las naciones de las que provienen. Así pues, esta imposición no es sólo “cultural”, sino que suele venir acompañada de mecanismos “duros” tales como los del financiamiento: se tiende a financiar la investigación que incorpore las teorías y problemáticas sancionadas como legítimas. En América Latina, afirma Alberto C. Cimadamore, “las fuentes de financiamiento están en la mayoría de los casos en manos de agencias internacionales de cooperación y de gobiernos, que tienden a ser reticentes a apoyar la investigación social crítica. ¿A quién le gustaría ser abiertamente criticado por aquellos a los que se apoya, por su desempeño en asuntos sociales de los que es ampliamente responsable?” (Cimadamore, 2011: 41).

 

Hacia una mayor autonomía de las ciencias sociales.Si bien en América Latina se han dado las condiciones para el desarrollo profesional de las ciencias sociales, en el mismo proceso su autonomía se ha visto vulnerada. En otras palabras, el campo científico latinoamericano ha estado expuesto a una fuerte heteronomía(Rubinich, 2006: 13-14). Todavía en 2006, en Buenos Aires, se realizó el “Foro Internacional sobre el Nexo entre Políticas y Ciencias Sociales” bajo la premisa de que la medida en que se logre “el nexo entre las ciencias sociales y la acción” puede ser considerado “un objetivo central de la evaluación del desarrollo de capacidades en las ciencias sociales latinoamericanas. La pregunta, todavía en curso, es: ¿cómo puede lograrse ese objetivo?” (Cimadamore, 2010, pp.110-111).

 

Robert Castel, por su parte, al cuestionarse sobre cuál debe ser la postura del científico social ante las “demandas sociales”, está convencido de que una pregunta como ésa, en todo caso, no es susceptible de una respuesta unívoca y, en su opinión, las ciencias sociales no pueden ni deben ser ajenas a las demandas sociales, siempre que éstas sean llevadas más allá de su formulación inmediata expresada por los grupos dominantes y que, en esa medida, traduzcan objetivamente las “configuraciones problemáticas” propias de cada sociedad (por ejemplo: la precariedad laboral, las diferentes formas de discriminación y en general el abuso del poder), y que en última instancia justifican toda investigación (Castel, 2006).

 

 

Referencias bibliográficas

 

Bourdieu, P. y Wacquant, L. (2005a): Una invitación a la sociología reflexiva, Siglo XXI, Buenos Aires.

 

Bourdieu, P. y Wacquant, L.(2005b). “Sobre las astucias de la razón imperialista”, en L. Wacquant (coord.): El misterio del ministerio, Gedisa, Barcelona, pp. 209-230.

 

Castel, R. (2006): “La sociología y la respuesta a la demanda social”, en L. Lahire: Para qué sirve la sociología, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, pp. 89-99.

 

Cimadamore, A. A. (2011a): “Consejo Latinoamericanode Ciencias Sociales (CLACSO)”, Reporte Mundial de las Ciencias Sociales en el mundo: Las brechas del conocimiento, UNESCO y Foro Consultivo Científico y Tecnológico, pp. 42-44.

 

Cimadamore, A. A. (2011b): “La creación de capacidades en las ciencias sociales en América Latina”, Reporte Mundial de las Ciencias Sociales en el mundo: Las brechas del conocimiento, UNESCO y Foro Consultivo Científico y Tecnológico, pp. 110-111.

 

Gingras, Y. y Mosbah-Natanson, S. (2011): “¿Dónde se producen las ciencias sociales?”, Reporte Mundial de las Ciencias Sociales en el mundo: Las brechas del conocimiento, UNESCO y Foro Consultivo Científico y Tecnológico, pp. 153-158.

 

Rubinich, L. (2006): “Tres notas sobre el para qué”, en L. Lahire: Para qué sirve la sociología, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, pp. 9-21.

 

 

Publicado el 30 de julio de 2014