EL DEBATE: Educación superior para una América Latina global

  

Por Diego Bernardini Zambrini y Fernando Pedrosa

Profesor y director del Programa de Doctorado en Sociología, Universidad de Belgrano, Buenos Aires, Argentina.

 

La educación tiene una dimensión inmaterial en el corto plazo y una gravitación fundamental como activo económico en el largo plazo. Incide en la salud, en el bienestar, en la cultura, en el producto bruto interno; es un activo que genera ideas y empleos. Las oportunidades existen, pero sacarán mayores ventajas de ellas quienes sepan aprovecharlas de mejor forma. Sin embargo, el panorama regional no parece querer hacer las cosas tan simples. Consideremos de comienzo que América Latina es la región más desigual del planeta. Según el indicador de desigualdad de ingreso más generalizado, el Índice de Gini, cinco de los diez países más desiguales del mundo se encuentran en América Latina; y de hecho los países más equitativos de la región tienden a ser más desiguales que los más desiguales de Europa. Paralelamente, la región se está recuperando de la peor crisis económica mundial desde la década del treinta, luego de que ésta impactara de manera muy desigual en ella; mientras Uruguay creció mínimamente, México tuvo una caída de casi un 7 por ciento de su PBI.

 

Las crisis económicas acarrean desocupación y un mayor grado de vulnerabilidad. La caída del poder adquisitivo y la capacidad de compra y consumo, así como la satisfacción de las necesidades básicas, son factores que habitualmente afectan con mayor intensidad a los sectores más pobres de la población. Sobre cómo las crisis económicas afectan a la salud de la población se reporta, para la crisis de 2001 en la Argentina, un descenso de la cobertura pre natal del 43%, un 20% en la caída sobre el porcentaje de niños con controles de salud adecuados en el primer año de vida o un aumento del 32% de los casos notificados de SIDA. En el área educativa, los antecedentes inducen a pensar que las crisis afectan a través de distintos factores los procesos de aprendizajes. Variables como los días de clase tienen un impacto positivo sobre el desempeño de los alumnos, así como la presencia de materiales escolares (mapas, libros o útiles de geometría) cuya presencia en las aulas también se relaciona con un mejor aprendizaje. Para mal de mayores, hoy América Latina perdió el privilegio como región receptora de la Ayuda Oficial al Desarrollo que en los últimos años ha crecido sin igual, pero que hoy se orienta prioritariamente al continente africano y a determinados países de Asia, especialmente en temas tan delicados como la salud.

 

Ante este panorama, la educación superior se abre como una ventana a la esperanza. La idea de un espacio de educación común en Iberoamérica no es nueva. Desde que Europa implanto su programa de movilidad – Erasmus– para estudiantes y profesores, la idea de algo similar para América Latina siempre estuvo presente. Convengamos que el objetivo del modelo europeo fue crear una identidad propia para la Unión Europea en su competencia por la hegemonía del conocimiento que ejercen los Estados Unidos desde hace mucho tiempo, en gran medida sustentada en jóvenes estudiantes e investigadores que migran de sus países de origen a esta nación, que les ofrece garantías y apoyo para seguir sus carreras como investigadores y generadores de conocimiento.

 

La educación superior y, a través de ella, los distintos programas de becas o de movilidad son una forma de inversión estratégica; una forma de apostar para quienes, ejerciendo un poder de decisión política, piensan en el futuro de su sociedad. Esos becarios o estudiantes universitarios que se enriquecen con experiencias de intercambio como las que ofrece un modelo de Espacio Común de Educación Superior, volverán a sus países para liderar el progreso y el destino de sus naciones. En estos programas de cooperación mutua, se forman los futuros "decisores" de un país. Hay muchos ejemplos entre la cooperación entre España y América Latina de ex alumnos que han sido jueces, ministros y hasta presidentes, aunque también hay economistas, médicos o investigadores que, desde el anonimato, contribuyen y han contribuido a la mejora de sus países. Este capital social debe ser aprovechado y el no hacerlo supone perder oportunidades año a año.

 

Un país invierte como cualquier inversor en distintas plazas, algunas con más riesgo que otras. Lo que no se puede permitir un país es invertir sin valorar la proyección y potencialidad de una plaza como la del conocimiento.

 

En este escenario el rol de la iniciativa privada puede resultar fundamental. En los últimos años se ha dado un surgimiento del trabajo de alianzas entre los distintos sectores: el público, el privado y la sociedad civil. Desde la Organización de las Naciones Unidas aparecen posicionamientos de cara a regular este tipo de asociación que hasta hace poco no era bien vista por muchas instituciones publicas. Se refiere a este tipo de unión como "triángulos virtuosos", ya que las sinergias surgidas crean un escenario donde todos ganan. La creación de capacidades no sólo debe o puede resultar de alianzas como la referida, sino que debe estar en el espíritu de toda estrategia de integración en educación superior.

 

Aunque hoy España está atravesando un momento difícil, como nación goza de plena salud en términos socio-políticos. Pero España también envejece en términos demográficos, lo que impactará en su fuerza de trabajo y desarrollo. Enfrente, se encuentra una América Latina joven y desigual. Esta situación configura a España como un puente natural entre estas dos márgenes, una posición geopolítica seguramente envidiable para muchos de sus vecinos comunitarios. Hoy el tráfico de ese puente entre ambas márgenes debería tener en la transferencia de conocimiento y la tecnología a sus dos principales vehículos.

 

En este debate sobre el modelo de Espacio Común de Educación Superior para América Latina, se cristalizará qué clase de región queremos para el futuro. Sabemos que el futuro pertenecerá a aquellos que mejor sepan traducir las oportunidades para crear, transmitir y aplicar conocimiento. En esta línea debe comenzar el ejercicio de nuestra responsabilidad individual y nacional, así como también colectiva en tanto continente. Pensar estos aspectos es una forma de pensar una realidad sobre la que moldear nuestro futuro como región.

 


Publicado el 12 de julio de 2010